lunes, 2 de febrero de 2009

Actualidad

La hora final del libre mercado
Raúl Rivera, desde Madrid, España


La actual crisis financiera mundial es considerada la mayor que se ha visto desde la Gran Depresión de los treinta. Sin embargo, economistas a nivel global dan un paso más, y ya hablan de “la muerte del sueño del capitalismo de libre mercado”.


El pasado 14 de marzo de 2008, la Reserva Federal estadounidense (FED) adoptó una decisión radical. En un momento de extrema fragilidad de los mercados, la autoridad monetaria presidida por Ben Bernanke decidió salvar de la quiebra a Bearn Stern, uno de los más importantes bancos de inversión de Wall Street, en una operación en conjunto con otro de los grandes, JP Morgan Chase.

De esta forma, era la primera vez que en cuatro décadas la FED determinaba un rescate financiero de un banco no comercial, operación que justificó en el riesgo que significa para el sistema la quiebra repentina del quinto banco de inversión de Estados Unidos.

No obstante, para algunos economistas de nivel mundial, esta decisión no sólo tiene consecuencias financieras, sino un significado más profundo. Martin Wolf, uno de los más prestigiosos analistas de Financial Times planteó el asunto: la intervención de la FED, la institución líder del libre mercado, pone fin a un era con su intervención. “El sueño del capitalismo del libre mercado ha muerto la desregulación ha alcanzado su límite”.

Hasta antes de la explosión de las turbulencias financieras, muchas instituciones financieras tomaron riesgos sin límites e inventaron ingenios especulativos -entre otros los créditos hipotecarios subprime- para disfrutar los beneficios de la liquidez del sistema.

Pese a que en el inicio de la crisis Bernanke calificó como “no responsables ni prudentes” los riesgos que tomaron algunas instituciones financieras, la FED mostró decisión a la hora de acudir al rescate de los afectados, aunque eso significará desplazar las pérdidas en la sociedad en general. ¿Como se entiende la decisión de salvar a los imprudentes? Wolf cree que la respuesta está en el costo político que significa una profundización de la crisis, incluso si eso significa el millonario rescate de los irresponsables.

Esta semana, los comentarios de Bernake ante la Comisión Económica Conjunta del Congreso estadounidense, confirmaron este planteamiento. “Normalmente, el mercado elige qué compañías sobreviven y cuáles fracasan, y así es como debería ser. Sin embargo, las cuestiones planteadas aquí se extendían bastante más allá del destino de una sola compañía”, sostuvo.

En este escenario, Wolf -economista británico considerado uno de los portavoces del neoliberalismo global- cree que “no es sólo una cuestión de simple justicia, sino que también de eficiencia”, alinear los incentivos del libre mercado. En palabras simples, una mayor regulación.
La misma postura expresó Robert Wade, profesor de la London Scholl of Economics, que frente al planteamiento de Wolf señaló que se deben hacer más esfuerzos para frenar “la tendencia de los bancos a ser imprudentes con sus capitales y de inducir a error a los consumidores”, lo que implica enfrentar la lucha contra la regulación de Wall Street y sus grupos de presión.

Lucha
Pero la discusión sobre los estertores del capitalismo financiero no son sólo retórica. Durante el último Foro de Estabilidad Financiera -formado por autoridades económicas y representantes de los bancos centrales de los países desarrollados, además de expertos de las instituciones financieras internacionales- se comenzaron a discutir radicales medidas para luchar contra la crisis del crédito.
En la reunión de la semana pasada, esta instancia comenzó la discusión de soluciones alejadas de la ideología de libre mercado y que consideran una fuerte presencia: recapitalización de los bancos públicos, la compra de los bonos hipotecarios o la suspensión temporal de los requerimientos de capital para las instituciones financieras. Incluso, no descartaron la posibilidad de que los gobiernos anuncien la entrega coordinada de capital a una serie de instituciones, con la ayuda de fondos públicos, para entregar confianza a los agentes de mercado.
A estas propuestas se suma el anuncio del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, quien presentó la mayor propuesta de reforma del sistema regulatorio financiero desde la Gran Depresión. La idea es crear una “megapolicía” que centralice la supervisión de las entidades financieras, que en la actualidad se encuentra dispersa en distintas instancias gubernamentales.

Pese a la preocupación, las voces de alerta y las propuestas, las preguntas quedan en el aire: ¿existe la voluntad para cambiar las reglas al poder financiero mundial? ¿Las entidades financieras están dispuestas a cambiar un sistema que les permitió en los últimos años obtener las máximas utilidades y que en momento de crisis son salvadas por los gobiernos?

El propio Paulson dio pistas de la realidad. Luego de presentar su programa, reconoció que era difícil que fuera aprobado por el actual Congreso estadounidense y recomendó que la discusión de la iniciativa no se considere hasta después de que termine la crisis del crédito y de la vivienda. El libre mercado no se dejará morir fácilmente.

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