martes, 12 de agosto de 2008

Carta

Si usted volviera, doctor...



No sé qué espacio tendría, Doctor, en este mundo raro que vivimos ahora. Yo lo tuve muy cerca, en una clase de ética médica. Llegó en su Fiat 125 azul oscuro. Si viera las columnas de coches blindados que vimos pasar tantos años, tan cerca también, tan intimidantes, feroces, con los dientes apretados, con sus fauces de perro. Usted, Doctor, entró amable a la clase. Nosotros estábamos nerviosos. El país no se incendiaba aún. Era su primer año de Gobierno. Habló de cómo los médicos han estado siempre preocupados de la política, la salud, la higiene, planteamientos de índole pública.
Han cambiado mucho las cosas, Doctor, hay gente que aún se mueve como en sus tiempos de agitación, pero son los menos. La mayor parte de la gente parece caminar mirando el piso, soportando la marcha cruel del libre mercado. Como seguramente ha sabido, no hubo socialismo, ni real, por suerte, ni utópico. Sabrá que se vinieron muchas utopías al suelo y quedó solamente en pie el neocapitalismo. O sea, lo mismo de antes pero aplicado a todo, desde el amor a la salud, la educación, el ocio, la fiesta, el trabajo. La gente hoy se endeuda, no ahorra. El pueblo no existe en los discursos y es, a lo más, una multitud que acude en masa a sembrar de pétalos la marcha del catafalco de un general de Carabineros. No hay movilización aunque la injusticia sea la misma o quizás hasta peor. Hay más dinero pero también hay más deudas. Hay más automóviles, más televisores, más electrodomésticos. Hay muchas tiendas. Se marearía de verlas. Los diarios dicen todos casi lo mismo. "The Clinic", una extraña revista de humor sarcástico, lo ha dibujado como una especie de superhéroe pop.
La gente, sin embargo, lo admira. Aunque se tiñan el pelo, aunque se vistan de negro y se maquillen pálidos como muertos, aunque estén encaramados en los nuevos buses que como antes están llenos y no se sabe todavía qué hacer con ellos. No hay salud para todos, no hay educación para todos o, por lo menos, si la hay es cara y difícil de sostener, no hay espacio laboral para todos. Hay muchos supermercados y la prosperidad a ratos lo tiñe todo de malls. La gente, cuando se distrae, sale de compras. Las tarjetas de crédito son más importantes que la cédula de identificación. La Visa es más importante que la vida. Los políticos apenas tienen tiempo para decir lo que piensan en los instantes que les concede la televisión, siempre pobres, siempre pocos. No se lleva su oratoria. Se lleva el guiño, la simpatía, una cosa que llaman la farándula. Aquí le habrían hecho entrevistas en "CQC" y sería portada de periódicos populistas que sólo están interesados en la diversión de la ciudadanía. No hay libros para todos. No hay nada parecido a lo que fue Quimantú, los libros son caros y escasos. El tiempo está tomado por los celulares y el internet. Todo es muy rápido y hasta el ocio es un negocio. La televisión pautea la vida. Quizá lo invitarían a "Tolerancia cero" y serían duros con usted como casi no se usa.
Afuera hay protestas, como en sus tiempos, los camioneros, los estudiantes, el pueblo mapuche. No tienen la resonancia de antes. No hay en el aire la sensación de una revolución inminente. Más bien el cambio es de color de pelo, o de ropa usada, o de disco de moda. Por eso el orador, el gran orador, no tiene sitio. Y menos el romántico utópico. Todo es tan práctico, tan tecnocrático. A ratos eficiente, y se agradece, y cuando no lo es, la gente reclama. Y mucho. Para ser chilenos, esos que usted llamaba los habitantes de un país notarial, casi en exceso.
Lo echamos de menos igual. En el Senado, su estilo, su prosapia, su verbo. Lo silbarían muchos de los que estuvieron en el Gobierno militar, lo aplaudirían hasta los díscolos. Sería extraña su reaparición como senador vitalicio. O como senador fallecido ilustre. Quizá debería reformarse la Constitución y deberían participar algunos espíritus ilustres por votación popular. Y usted, Doctor Allende, sabría mucho más. La experiencia de los muertos no conoce barreras. Seguramente sería más contenido, apasionado pero terriblemente realista. Aun así, sería bueno verlo llegar, de terno, en guayabera, como se le ocurriese. Lo esperamos, Doctor, que los muertos tienen mucho que decirnos a los que nos hacemos los vivos.













Marco Antonio De la Parra (Chile)
Lunes, 16 de junio de 2008.-

Tributo

Cecilia Magni


La Comandante Tamara



Nacida en un acomodado hogar chileno, su extracción de clase media alta le brindo en su infancia y adolescencia privilegios que no muchos niños de su edad podían detentar, como realizar su educación en exclusivos colegios de la capital, entre ellos el Grange School.
Ya graduada, a comienzos de los años 1980, y cuando estudiaba Sociología en la Universidad de Chile, comenzó a identificarse con la lucha de los opositores al régimen militar de Augusto Pinochet, formando parte de numerosas manifestaciones estudiantiles. En esa etapa de su vida decidió integrarse a las filas del FPMR con la convicción de que "La lucha es la única forma realista y valida de cambiar el rumbo del país". A poco de integrarse, un compañero frentista decidió bautizarla como "Tamara", en recuerdo a la revolucionaria cubana Tamara Bunke.
Desde entonces su vida comenzó a transcurrir entre la legalidad y la clandestinidad. Con el correr del tiempo y pese a su juventud, "Tamara" logró un vertiginoso ascenso al interior de la estructura frentista, destacando como la única mujer que llegó a ocupar puestos de mando en la cerrada cúpula del FPMR y mas aún, a ostentar el grado de "comandante".
Su trabajo se centró entre Santiago y Rancagua, ciudades donde la "comandante Tamara" se dedicó a reclutar nuevos militantes para la organización y a su vez, brindar apoyo logístico a los incipientes grupos de combate creados en esas zonas.
Con toda esta experiencia la "comandante Tamara" recibió a mediados de 1986 la responsabilidad de comandar una de las acciones mas arriesgadas que hasta entonces emprendía el FPMR; nada menos que el atentado contra Augusto Pinochet, también conocida como la "Operación Siglo XX". En esta misión "Tamara" actuó como brazo derecho de José Joaquín Valenzuela Levi, el "comandante Ernesto", máximo jefe del atentado. Su trabajo fue proporcionar la base operativa y los vehículos que se ocuparían en la acción. Junto a otro frentista, César Bunster, arrendó una casa y tres vehículos, además de coordinar el traslado del armamento que se utilizaría en la emboscada. Su parte en la operación fue cumplida con cero falta. Pese a ello el FPMR determinó a última hora que no participaría directamente como fusilera en la operación, pues ante la alta probabilidad de que los combatientes no salieran de allí con vida, su experiencia en las tareas logísticas posteriores era indispensable.
Tras el ataque solo se volvió a saber de ella en 1988, en el inicio de la Guerra Patriótica Nacional. En octubre de ese año la "comandante Tamara" encabezó junto a su pareja y principal comandante del FPMR Raul Pellegrin Friedmann, la toma del poblado de Los Queñes en la VII Región del Maule. En días posteriores a la operación, parte importante del grupo fue capturado por Carabineros que peinaban la zona. El 28 de octubre de 1988 el cuerpo de Cecilia Magni fue encontrado flotando sin vida en las aguas del río Tinguiririca, con inequívocas señales de tortura. Según los informes de autopsia su cadáver presentaba lesiones contusas y huellas de aplicación de electricidad. La investigación judicial sobre su muerte se ha prolongado sin éxito hasta la actualidad.


...Y no hay derecho!!!