sábado, 7 de julio de 2007

LA INFLUENCIA DEL MUNDO MUSULMAN EN OCCIDENTE

“LA EPOCA DE ORO”


En el máximo apogeo del islamismo –entre el siglo VII y XV– se
desarrollaron las ciencias y las artes, contribuyendodecisivamente al Occidente que hoy conocemos.


4, 3 , 2, 1, 0. Todo el sistema numérico occidental se basa en las matemáticas desarrolladas por los musulmanes en la Edad Media. De no ser por ellos, tal vez seguiríamos escribiendo los números romanos IV, iII, II, I. Los romanos no conocían el cero.
Hace mil años, los bárbaros eran los europeos. Estaban divididos en cientos de pequeños reinos y eran considerados brutos e incultos por la cultura musulmana. Los epicentros del mundo eran Damasco, Bagdad y Córdoba, donde florecían las artes y las ciencias.
En el siglo 10, la biblioteca más grande de la Europa cristiana era la del monasterio de Saint Gallen, en Suiza. Tenía 36 volúmenes. La de Córdova bajo el mando del califa Abderramn III contaba con 500.000 libros.
En el Bagdad del siglo 9, casi un millón de personas se apretujaba diariamente por sus estrechas calles, sus suntuosos bazares y mercados, por las decenas de bibliotecas y universidades, por su famosos planetario, por sus cientos de baños termales y mezquitas. París, en esa época, era un pueblo de 36 mil habitantes.
Excepto por los escolásticos, los estudiosos europeos tenían que visitar necesariamente los grandes centros culturales musulmanes para estar al tanto de las últimas invenciones de las ciencias. Fue así, por ejemplo, que los europeos se enteraron de la existencia del álgebra y adoptaron el sistema numérico árabe, que es el que usamos hoy.
Fueron musulmanes como Avicena (980-1037) quienes modernizaron la medicina a través de descubrimientos y experimentos. El sistema inmunológico fue descubierto por médicos musulmanes españoles. Y fue el filósofo cordobés Averroes (1126-1198) quien volvió a descubrir para Europa grandes pensadores de la antigüedad. Aristóteles, por ejemplo, era absolutamente desconocido en Europa, hasta que Averroes lo reintrodujo. Sus estudios sobre Aristóteles fueron duramente condenados por la Santa Sede y la Universidad de Paría, pero más tarde serían el catalizador del Renacimiento europeo.
Uno de los primeros tratados de la farmacología fue escrito en el 760 por el Javir Ibn Hayyan y en el siglo 9 las primeras farmacias particulares abrieron sus puertas en Bagdad. La destilación del alcohol –clave como desinfectante– también fue obra del mundo islámico.
En el campo de la astronomía, mucho antes que Nicolás Copérnico, el astrónomo árabe Abu Reyhan Biruni describió el sistema Solar con precisión, acabando con la creencia de que la tierra era el centro del universo.
Y mientras los europeos usaban la piedra como elemento central de sus construcciones, los musulmanes ya manejaban el ladrillo, lo que situó a su arquitectura varios siglos adelante. Ya en el siglo 12 conocían finos revestimientos como el estuco, los azulejos y el ladrillo envidriado.
Los árabes también difundieron por el mundo el juego de ajedrez, cuya expresión “jaque-mate” deriva de la palabra árabe “al-jakh-mat”, que quiere decir “el rey está muerto”.

EL DECLIVE INTELECTUAL

Hoy Bagdad, Córdoba y Damasco son ciudades museos. París, Londres y Nueva York han tomado su lugar.
“Lo que pasa es que hoy el imperio dominante es occidente, especialmente Estados Unidos y Europa”, dice Nimer. “No es que los Musulmanes ya no aporten al progreso, lo siguen haciendo, sólo que lo hacen desde Washington y Londres”.
En efecto, sólo en Estados Unidos viven unos seis millones de musulmanes, muchos de ellos activos en universidades, centros de estudio, firmas de software e ingeniería.
El declive cultural de los musulmanes en la Edad Media vino de la mano de la invasión de los mongoles, que en 1258 destruyeron las grandes ciudades del Medio Oriente, quemando sus bibliotecas y universidades. Aunque los mongoles después se convirtieron al islamismo, produjeron uno de los daños culturales más grandes de la historia.

Y por el frente occidental, los reyes cristianos de España comenzaban a arrasar con los musulmanes, siendo sus métodos no mucho mejores que el de los mongoles. Jaime I “El Conquistador”, por ejemplo, hizo destruir mezquitas y construir catedrales católicas encima.

Por eso, cuando el último califa musulmán Boabdil abandonó el Palacio de la Alambra, considerado una de las construcciones más hermosas del mundo y conquistada por los españoles, tal vez intuía que la época de oro musulmana había llegado a su fin, y no pudo contener el llanto.

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